Galvanizado en caliente

La industria del galvanizado por inmersión en caliente se dedica a la protección contra la corrosión de toda clase de piezas de hierro y acero mediante inmersión en un crisol con zinc fundido. El producto que será galvanizado, previamente limpiado de impurezas como grasas y oxidaciones, se introduce en un baño de zinc fundido a 450 grados centígrados, aleándose con el acero y generándose varias capas de hierro y zinc. Estas aleaciones, metalúrgicamente adheridas al acero, son tan duras como su base y muy resistentes a golpes o a la abrasión.
El galvanizado en caliente genera una triple protección. El zinc tiene un potencial electroquímico mayor que el hierro, es el primero en oxidarse sacrificándose frente al acero. Segundo, la capa de zinc, en presencia de aire y humedad, genera carbonatos de zinc que se acumulan en la zona desnuda del acero cubriéndola y aislándola de la humedad y del ambiente. Finalmente, si existiese un área de gran desprotección entre el acero y el zinc, este último sigue ejerciendo como ánodo de sacrificio siendo, además, su velocidad de corrosión más lenta que la del acero.
El acero desprotegido tiene un promedio de vida de tan solo dos años, antes de que queden afectadas su funcionalidad o su integridad estructural. En cambio, los recubrimientos galvanizados obtenidos en las instalaciones de galvanización general duran como mínimo diez años sin necesidad de mantenimiento alguno o casi nulo, son de un bajo costo inicial en comparación a los restantes métodos y son de alta versatilidad por las variadas formas que pueden adoptar.