Marketing | Matrimonios y algo más…

 

Por Lic. Néstor Rabinovich
Consultor en Ventas, Marketing y Creatividad

Son pareja, una vida en común. Hijos. Y algo más... Una fábrica, un local que vende lo que allí se produce. Empleados, operarios, administrativos, vendedores. “En casa todo funciona muy bien. No discutimos. Nos complementamos sin problema. Pero… en cuanto pisamos la fábrica, o el local, empiezan los tironeos, discusiones, y siempre terminamos mal”. Ambos coinciden en esta definición. Sin embargo… “Te dije que armes la oferta de otra manera”, “Nunca me hacés caso, te manejás como se te antoja”, “Se hace el pedido de una forma, entregás cualquier cosa, y lo dejás pasar”, “Si yo no intervengo, esto se cae a pedazos, así no se puede”, “Ya no tengo ganas de venir a trabajar”, “Si no delegás, es imposible”.
Entonces, ¿qué sucede que no pueden parar?, ¿qué pueden hacer?, ¿se puede prevenir?, ¿cómo evitar consecuencias gravosas, para la empresa y la vida familiar?, ¿se puede hacer algo que mejore la situación?, ¿alguien tiene razón? Es típico encarar conversaciones donde se hace más relevante buscar tener razón, reforzar el valor de la opinión propia en contraposición de la de la pareja. En verdad, ambos tienen razón, con lo cual el círculo vicioso torna inoperante el intercambio.
Aferrarse a la perspectiva propia como única verdad es un mal consejero para hacer viables los proyectos en común. El poder: a lo largo de esos “diálogos”, se hace evidente la necesidad de afianzar un poder ante el otro. Ahí se pierde la perspectiva del problema a resolver. Más aun, se tiende a ver problemas donde no los había, con lo cual se genera una dificultad adicional. Entonces, ya nadie sabe de qué se discute. Encontrar al que manda, como si fuera el centro de la acción, deja la gestión bastante distorsionada.
Cuidarte, cuidarnos: debería ser un valor, preservar la relación, cuidarse mutuamente. Porque está en juego el negocio, pero en particular una historia y el futuro. Por eso, ambos tienen que proteger algo que trasciende el momento actual, la anécdota que tratan. Tienen un legado que preservar, tanto en lo patrimonial, como lo emocional. Para ellos, y los hijos. Más vale prevenir…: en toda relación de convivencia, se generan reglas, algunas explícitas, otras no tanto. Más claras, menos claras. Roles, temas de cada uno, concesiones personales para hacer más llevadera la vida en común.
Cuando se incorporan a una actividad comercial, más se hace necesaria la explicitación de estos puntos, sin dejar librado al azar dichas reglas y áreas de funcionamiento. Se requiere: disposición a consensuar, dar autonomía dentro de las pautas estratégicas acordadas, y sostener comunicaciones, sin mezclar los ámbitos de discusión.
Stop: hay que saber parar a tiempo. El riesgo es provocar heridas que sean insalvables. Detener una conversación donde alguno o ambos se ponen “difíciles”. Retirarse a tiempo. Cambiar de lugar. Incluir a terceros menos comprometidos emocionalmente. Toda opción ayuda a no perder el eje y foco. No olvidemos: se trata de preservar, a la vez, rentabilidad del negocio y armonía familiar.
¿De qué hablamos? Muchas veces uno se pregunta de que están hablando, sobre qué discuten. ¿Puede ser el punto que tratan de tal envergadura que justifique la animosidad que despliegan?, ¿o buscan hacer de cualquier tema, algo que explique el ataque final? Un delicado equilibrio navega a lo largo de las conversaciones. Proyecto familiar y empresario dependen de la capacidad regulatoria de ambos.
Matrimonios y algo más: decidir compartir una actividad, un emprendimiento, en forma conjunta, agrega complejidad a la vida de pareja, y a la vida del negocio. Mayor complejidad, mayor riesgo. Por lo tanto, más esfuerzo y trabajo para lograr hacer llevadera la vida en común. Si el comienzo fue el matrimonio, entonces es el eje base a preservar para tener continuidad en el emprendimiento comercial. Tener la sabiduría de conocer cuándo se le habla a la pareja y cuándo, al socio. Y a cada uno, en el ámbito que corresponda. La salud de ambos, agradecida.

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