Diseño industrial | Francisco Gómez Paz: talento argentino de exportación

Fernando Mazzetti

Salteño, sencillo y talentoso. Francisco Gómez Paz ha forjado una sólida carrera internacional como diseñador, reconocido por la versatilidad de sus creaciones. Sus luminarias tienen siempre ese detalle de calidad que las diferencia. Fernando Mazzetti tuvo con él una larga charla vía Skype en la que brindó su mirada sobre muchos temas relacionados al diseño. Gran embajador del buen diseño argentino en todo el mundo.

¿Cómo nace la idea de estudiar diseño industrial?

Creo que desde chico tuve una enfermedad que es la curiosidad exagerada. Disfrutaba mucho más de romper un juguete para ver cómo funcionaba que de salir a andar en bicicleta. No podía aceptar la idea de no entender cómo funcionaba un juguete, entonces lo rompía y hacía otra cosa. Mis papás me regalaban juguetes a control remoto y a los pocos días ya estaban desarmados e inventaba cosas nuevas.
También la influencia de mi papá arquitecto, con una formación muy rigurosa de la profesión, hizo que, cuando me decidí a estudiar diseño, yo ya tenía una base cultural muy fuerte, una idea muy clara de lo que significa seguir una idea, un concepto, la importancia de no seguir una forma por la forma misma. Por eso, cuando empecé la carrera de diseño industrial en la Universidad de Córdoba, que era una carrera relativamente nueva, fue amor a primera vista, me pasaba noches enteras sin dormir porque era una diversión hacer los proyectos, me hacían jugar todo el día. Todo eso me hizo ser un loco de esta profesión. 

¿Fuiste buen estudiante durante tu carrera?

Me fue muy bien en Argentina, con los mejores promedios. Hice una carrera muy rápida y al finalizar, con apenas 23 años me fui a hacer un máster a la Domus Academy, que era en ese momento muy prestigiosa. Mi llegada a Italia fue casi sin referencias, no había Internet en aquella época. Me recibí con el mejor promedio y al año siguiente estaba trabajando en la academia. Después empecé a trabajar con Paolo Rizzatto y Alberto Meda. Tuve mucha suerte de poder trabajar con ellos, que siempre lo habían hecho solos. Fue increíble esa experiencia, además de grandes diseñadores, excelentes personas. 

¿Notaste diferencias entre Argentina e Italia en lo que respecta a las formas de proyectar y los métodos de producción?

Mi llegada a Italia fue de sensación de no poder estar a la altura. La Domus era un espacio multicultural con cincuenta alumnos de treinta y cinco nacionalidades de todo el mundo y cada uno venía con su propia historia y su modo de proyectar. Mi formación era muy rigurosa, en cambio, en la Domus era más posmoderna. Y fue una crisis para mí, discutía mucho con los profesores porque yo creía mucho en mi verdad. Me enfrentaba con ellos en el sentido de que la formación se generaba desde el lugar del profesor que indica a su alumno cómo pensar, casi como maestro-aprendiz y yo no creía en esos métodos. No tenía que tener una idea sino seguir la visión del profesor y me costó mucho superar ese tema

 

Se habla muchas veces acerca de si un diseño es original o está basado en otro previo. ¿Creés en el diseño puramente original?

Eso es parte de mi rigor proyectual. El diseño siempre es original, si no, es copia, decoración o tendencia. Me ha costado mucho darle una justificación filosófica al por qué uno hace diseño, cuál es el motivo, por qué uno no duerme pensando en un diseño que no sea más que la satisfacción personal de la creación del diseño mismo. Ya de por sí me parecía fantástico poder tener una idea y que terminara en un producto.
La respuesta más interesante a esa pregunta la encontré en la biografía de Steve Jobs. Él se pregunta “¿por qué hice lo que hice?”. La persona creativa se da cuenta de que vive en un mundo que no fue inventado por ella, que ese mundo lo construyó su propia especie a través de años y años y de pequeñas ideas e inventos.
Yo me siento en el deber de generar un paso mas allá. Es un poco utópico pero si lo ponés como tópico en tu trabajo, de aportar algo más, yo ya me siento satisfecho. No siempre se consigue. 

Estamos viviendo en un mundo globalizado, con acceso inmediato a información de lo que ocurre en cualquier lugar del mundo. ¿Creés que la idiosincrasia local tiene influencia en el diseño?

Yo creo en el hombre y en su naturaleza como ser humano con elementos en común. Seguramente las influencias locales te hacen diferente. Creo que mi diferencia es más filosófica que de formas. Como argentino y sudamericano, tengo una visión muy distinta del europeo. Nosotros tenemos una filosofía de vida particular, casi que creemos que podemos cambiar el mundo, ser un poco anarquistas en ese sentido. En cambio, si naciste en Roma o Milán y ves que tu calle y tu casa es la misma desde hace doscientos años, tu sensación de importancia es menor. Esa ‘irrespetuosidad’ bien entendida del argentino fue lo que me hizo avanzar, tuve que creer mucho en mí.
Los diseñadores italianos de mi generación sienten un peso tan atroz de su historia que antes de marcar una línea se hacen tantas preguntas que no la dibujan nunca. 

En ese sentido, el diseño italiano de la posguerra seguramente le debe mucho a los hermanos Castiglioni y a Vico Magistretti. ¿Cuál es el legado de esos diseñadores en Italia?

Tuve la suerte de trabajar con Magistretti. Compartí una generación de diseñadores que veía al mundo del mismo modo que él. Y creo que a las nuevas generaciones les pesa mucho esa herencia. Yo nunca quise ser el heredero de nadie, ni tener un mentor en mi carrera. Nunca sentí la necesidad de seguir a un diseñador, sí tengo mucho respeto y amistad, por ejemplo, por Alberto Meda. Yo sigo las ideas, rechazo el concepto de seguir fanáticamente a la persona. Nunca cargué mochilas y eso me permitió ser muy libre en mis proyectos.

 

Respecto del famoso concepto de arquitectura y de diseño, sobre si la forma sigue a la función o la función la forma, ¿priorizás alguna de ellas en tus proyectos?

Para mí la forma siempre va a seguir la idea. Creo profundamente en la idea, toda mi vida seguí ideas. Esa idea es la que va construyendo poco a poco una historia. Esa idea va ‘transpirando’ forma de adentro hacia afuera. De la misma esencia.
Algo que sí aprendí en Italia relacionado con esto es a hablar de belleza, a buscar la belleza no por la belleza misma, sino como resultado de un todo, y ser muy crítico con eso. Si uno hace algo útil, la belleza es el modo de que esa cosa sea para todos. 

¿Hay algún movimiento artístico o arquitectónico con el que te sientas identificado, relacionado con la belleza?

No particularmente. Creo en la belleza como una cosa filosófica. No sé muy bien qué es la belleza pero, así como la justicia y la verdad, en algún lado está. Haciendo las cosas correctas se llega a la belleza como resultado. Por eso no creo en los movimientos que tienen un modo de contar la belleza de un modo predeterminado. 

¿Entonces no seguís modas o tendencias?

Intento aislarme de las modas o tendencias si veo que pueden influenciarme demasiado. No digo que las rechazo, pero no las busco ni las estudio. 

La Bauhaus sin dudas marcó un antes y después en el modo de entender y enseñar diseño en siglo XX. ¿Creés que aún hoy, en pleno siglo XXI, tiene influencia?

La estructura conceptual de la Bauhaus, de ese modo de pensar, es algo que no puede morir nunca. Es un modo de pensar tan correcto que con el paso del tiempo se va retroalimentando. Toma elementos de la modernidad que le toca vivir para seguir creciendo y reestructurarse. Si hablamos, por ejemplo, de Eames, de Hans Wegner o de Castiglioni, vemos que es la misma estructura de pensamiento con variaciones históricas o culturales. Creo que es difícil que ese modo de entender el diseño sea el pasado, de hecho, soy hijo de esa forma de pensar. 

Hay diseños que se transforman en clásicos. Pensemos, por ejemplo, en la “Barcelona 29” de Mies van der Rohe, que todavía se sigue produciendo y vendiendo con enorme éxito. ¿Qué valores tiene que tener un producto para ser un clásico y trascender el tiempo?

Es una pregunta muy difícil de responder. El clásico en sí tiene la fuerza de romper el molde de lo que se conocía hasta ese momento. Esa fuerza tiene la fuerza del Big Bang. Y genera una curiosidad tan grande en el hombre que no entiende muy bien ese elemento que tiene delante de sus ojos pero le reconoce un valor que hace que perdure en el tiempo. Y le reconocemos al diseñador ese valor queriéndolo y comprándolo.
He tenido muchas discusiones con las empresas que buscan desesperadamente el clásico haciendo algo clásico. El que quiere hacer un clásico y hace la misma forma con variaciones no lo va lograr nunca.
Las sillas de Eames eran una locura para muchas personas cuando se presentaron, y sin embrago se siguen vendiendo todavía. También tiene que tener el precio justo, el momento justo, con una forma suficientemente innovadora pero entendible.
Incluso hay productos que se transforman en clásicos instantáneos, pero después caen en un pozo y nadie los recuerda. Y en ocasiones, pasados los años, vuelven al mercado si los valores que tuvo ese producto en su momento se vuelven contemporáneos.
No siempre el material utilizado es responsable de esa permanencia en el tiempo. 

¿Con qué materiales estás trabajando actualmente?

Ahora estoy trabajando con madera y me estoy divirtiendo mucho. Para mí los materiales son una fuente de inspiración grandísima. El proceso de trabajo y estudio es lo mismo para mí cuando diseño una chaise longe de cuero crudo o una luminaria de led de policarbonato con una lente fresnel y una fabricación muy compleja. El material te habla, te dice qué quiere y qué puede ser.

 

¿Hay materiales con los que no trabajarías?

No he trabajado demasiado con vidrio, quizás por mi búsqueda de liviandad. Aunque mi lámpara Candela, que es de vidrio, acaba de ganar el German Design Award 2018. Reconozco que no le doy demasiada importancia a los premios. Solo el Compasso d’Oro es el que me hace vibrar un poco. 

Una opinión personal: creo que tu colgante Hope será tu clásico. ¿Cuál ha sido tu mejor diseño relacionado a iluminación?

La Hope es un enorme éxito y ya cumplió diez años. Y se ha internacionalizado de manera muy interesante, de hecho es una de las estrellas de Luceplan. No podría elegir una en particular. 

¿El éxito comercial es garantía de buen diseño?

No, de ninguna manera. Tampoco significa que un buen diseño sea vendible. Pero sí es importante que el diseño se venda, para el diseñador y la empresa que invierte en su producción y comercialización. 

¿Se puede hacer diseño a medida?

Sí, de hecho Hope nació por un pedido de la empresa que buscaba un chandelier hacía varios años y no lo había conseguido. 

Zaha Hadid, Tadao Ando, Alejandro Aravena. Te menciono tres arquitectos, optá por uno y por qué.

Hadid no porque veo una desconexión muy grande entre la forma y lo que pasa dentro. Entre los otros dos, por latinoamericano, Aravena es la síntesis de una manera de proyectar que incluye, que no es autocelebrativa. 

El planeta se ha visto inmerso en un enorme problema respecto del daño al medioambiente. El uso sin control de recursos naturales ocasiona que los diseñadores pongan cada vez más atención al empleo de los materiales. ¿Creés que la industria del diseño está dando respuestas para mejorar o revertir esa situación?

Creo que el buen diseño tiene en su ADN la esencia de ese tema. El uso de materiales, los procesos de fabricación, la creación de conciencia de qué materiales usar o no.
Si puedo diseñar una silla o una lámpara que se heredará en la familia, creo que es una buena manera de entender el problema. Crear un producto que no vas a desechar a los dos o tres años. 

¿Qué ventajas encontrás en la tecnología led para el diseño de luminarias?

El led cambió las reglas de juego. Desde su esencia electrónica, encerrado en un circuito, son pequeños, la eficiencia es enorme, los problemas de temperatura cambian totalmente, aunque hay otros. Ahora puedo pensar de otra manera.
Tengo una luminaria, Mesh, que utiliza esa tecnología. Se puede controlar la dirección del flujo luminoso con una aplicación, lo que la hace muy innovadora.
El cambio de paradigma que supuso el led me permitió desarrollar, sin ser especialista en iluminación, varias luminarias con esa tecnología que no se podrían haber hecho con otra fuente. 

¿Y respecto del oled?

Lo que he estado viendo de oled creo que no tiene todavía las posibilidades del led. El costo y cantidad de luz son temas a desarrollar. Hay muchas cosas que todavía se pueden hacer con led, por ejemplo, superficies muy planas. Todavía no he desarrollado productos con tecnología oled. 

El mundo del diseño se ha especializado. Muchos diseñadores desarrollan productos en un área específica, ¿qué pensás de eso?

Sería una lástima, al menos para mí, quedarse en un solo tema. Uno de los placeres de diseñar es el descubrimiento constante de cosas nuevas, que no conocés. Si abordás una sola temática puede ser que se te acabe si enfrentás un único problema.
Enriquecerse de otras disciplinas mientras estás haciendo una silla, estás con un electrodoméstico, un reloj o lámpara, siempre es mucho más positivo. 

¿Hay algún área que disfrutes más que otras durante el proceso de diseño?

Sinceramente, no. Estoy haciendo cosas muy diferentes ahora. De hecho, si encuentro una idea que me mueve, que veo que tiene potencial, que me hace como burbujitas de champagne, eso me quita el sueño, no existe nada más que trabajar en eso.
Me pasó, por ejemplo, con la Hope, con el desarrollo de la lente. Ahí me dí cuenta de que había algo que tenía mucho valor. El trabajo de investigación, con el asesoramiento de un óptico, fue clave para lograr una lente elíptica que permitió el efecto que estaba buscando. 

A pesar de que tienen medidas muy definidas, siempre se menciona que no hay nada más difícil de diseñar que una silla, ¿coincidís?

Me gusta tanto que todavía no hice una, y te adelanto que la primera que voy a hacer será diseñada y producida en Argentina. Estoy trabajando hace más de dos años en ese proyecto. Saldrá, en principio, como una serie limitada de cien sillas de madera. 

¿Cómo ves el mercado de diseño actual argentino?

Creo que tiene una enorme necesidad de cosas nuevas, hay mucho desarrollo y puede seguir creciendo. 

¿Qué características tendría que tener un joven que decide comenzar a estudiar diseño?

Creo que sobre todo tiene que ser extremadamente curioso, con ganas de aprender, de interactuar con otras personas. No existe el diseñador sin cultura, sin esfuerzo colosal. 

¿Para qué sirve el diseño?

El diseño es un instrumento muy poderoso para que la gente viva mejor. ¿Para qué sirve iluminar bien una casa? Para que te sientas mejor, contenido.
Además, el diseño genera desarrollo económico, que la gente compre productos, que las empresas produzcan. Es una enorme energía para llevar al mundo un paso más allá, para ahora y para el futuro.

Fernando Mazzetti

 

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