Aplicación | ¿Cómo se define la luz en el espacio urbano?

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David Silva para Lightroom
Nuestras ciudades son un ente viviente, cambiante y vibrante. Vivimos inmersos en un mundo de lo inmediato, donde los servicios, información y acontecimientos no paran. Dentro de esta sociedad, que de alguna forma nunca duerme, la luz juega un rol imprescindible.
El paisaje lumínico de nuestro entorno conduce la vida social, enmarca el desplazamiento, incluso, ayuda a entender la velocidad a la cual debemos movernos por calles y avenidas. Por ejemplo, las avenidas con carriles más anchos y mayor iluminación permiten velocidades más rápidas; mientras que por calles con menor nivel lumínico y carriles más estrechos se debera circular a un ritmo más lento.
En una sociedad que se desarrolla dentro de un espacio urbano cambiante y que de alguna forma nunca duerme, la luz juega un rol imprescindible.

La luz también crea y delimita el espacio urbano generando ambientes para detenernos, reunirnos, contemplar y convivir. El manejo de un paisaje lumínico adecuado en la ciudad no solo permite realizar los trabajos necesarios para el funcionamiento de las urbes, también amplía el horario de uso del espacio público permitiendo múltiples actividades que se adaptan a una población multifacética.
La iluminación se ha convertido también en un termómetro de cuán peligroso puede llegar a ser nuestro barrio. Una de las herramientas más utilizadas para combatir la inseguridad es la sobreiluminación de calles, pues se espera con esto disuadir conductas antisociales y, en caso de que se cometa un crimen, proveer iluminación suficiente para que las cámaras de seguridad tengan una mejor visión e identificar al infractor.
Como consecuencia de estos fenómenos, las ciudades se han desligado de su entorno y, junto con la contaminación, han generado un cápsula que impide disfrutar los cielos estrellados aun en condiciones climáticas adecuadas. Hemos llegado al extremo de creer que la iluminación pública debe iluminar las fachadas de edificios y viviendas, cuando debería haber una clara separación entre ambas y dejar que la arquitectura se ilumine para acentuar el edificio, mientras que el alumbrado vial tiene una connotación funcional y debería delimitar únicamente las áreas de circulación.

Como lo demuestran algunos sociólogos, el espacio público es un ente complejo, con múltiples actividades que se trasladan en tiempo y espacio usado en un sinfín de maneras diferentes.

La luz en la ciudad no solo es para ayudarnos a desplazarnos de un lugar a otro en el espacio urbano.

Debemos crear espacios luminosos para vehículos no motorizados y para peatones. Diseñar la iluminación para generar vínculos entre el usuario y el espacio, y al mismo tiempo, adecuarla a las necesidades reales de los usuarios.
En México, sobre la mesa se encuentra el debate para incluir en la Constitución Política a la energía eléctrica como un derecho fundamental. Organismos como ANUEE (Asamblea Nacional de Usuarios de Energía Eléctrica), luchan para que la electricidad sea realmente considerada como una necesidad básica y se garantice para vivir con dignidad, a la par de cualquier otra necesidad básica.
El ámbito artístico incorpora cada día más la luz como medio de expresión. Intervenciones lumínicas del espacio público embellecen las ciudades, generan hitos nocturnos y proveen nuevas formas de vivir las urbes.
Instalaciones como The Pool, del artista visual Jen Lewin redefinen nuestro entorno y la forma en la que nos relacionamos con él, con el arte y con las personas con las que compartimos el espacio. Consta de discos iluminados con leds que cambian de color e intensidad dependiendo de cómo se vayan pisando y cómo la gente se desplace de almohadilla en almohadilla.
Proyectos culturales como el mapeo en el templo de San Agustín en Zacatecas (333 Luxes, 2009), se convierten en el alma de la ciudad promoviendo el turismo, el arte y la cultura. Transforman las calles en aulas virtuales ofreciendo nuevas vivencias.

Enfocamos el alumbrado público en el automovilista, pero debemos replantear el paisaje lumínico para cada actor del entorno.

Empecemos a replicar propuestas, tomemos el espacio urbano y diseñemos paisajes lumínicos integrales. Busquemos lograr espacios recreativos e interactivos, sustentables, capaces de ofrecer al usuario actividades acorde a sus gustos; información diversa del interés común con la facilidad de adaptarse y moldearse a las necesidades de la comunidad. Espacios iluminados acorde a su uso y horario. Espacios inteligentes que puedan cambiar de intensidad o temperatura de color en caso de una emergencia, o condición de peligro. La luz juega un papel crucial en las ciudades, hagamos que la iluminación nos beneficie como sociedad.

Lightroom

 

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